Preguntas frecuentes
Todo lo que sueles querer saber
Empezar terapia genera dudas, y es normal. Si la tuya no está aquí, escríbeme y te respondo sin compromiso.
No hace falta estar en una crisis para que la terapia tenga sentido. Un buen criterio práctico: si algo te está condicionando el día a día —el sueño, el trabajo, las relaciones, el estado de ánimo—, si llevas tiempo intentando resolverlo por tu cuenta sin que se mueva, o si hay algo que te pesa y no tienes con quién hablarlo, es un buen momento para consultar. La primera sesión sirve precisamente para valorarlo juntos.
Dura 60 minutos. Me cuentas qué te trae, cómo ha ido evolucionando y qué has probado ya. Yo te pregunto lo que necesito para hacerme una idea completa. Al final te devuelvo una primera lectura de lo que veo y te propongo un plan: por dónde empezaríamos, con qué frecuencia y qué recorrido aproximado tiene. Sales de esa sesión sabiendo si te encaja o no, sin ningún compromiso de continuar.
Al principio lo habitual es una sesión semanal, porque es lo que permite coger inercia. Según avanza el proceso se va espaciando a quincenal y después a sesiones de seguimiento. En algunos casos concretos —momentos de crisis, protocolos como el de insomnio— el ritmo puede ser distinto y lo acordamos.
Depende mucho del motivo de consulta. Un protocolo bien delimitado, como el de insomnio o el de una fobia específica, puede resolverse en 6-10 sesiones. Un trabajo sobre experiencias traumáticas repetidas o sobre patrones de personalidad lleva bastante más. Lo que sí te garantizo es que revisamos periódicamente si está funcionando: la terapia no debería ser indefinida por inercia.
La evidencia disponible indica que, para la mayoría de motivos de consulta, la terapia online obtiene resultados comparables a la presencial. Es una buena opción si vives fuera de Madrid, viajas a menudo o tienes horarios complicados. Hay situaciones concretas en las que recomiendo presencial, y si es tu caso te lo diré.
Sí. Todo lo que se habla en sesión está protegido por el secreto profesional, recogido en el Código Deontológico de la profesión y amparado legalmente. No comparto información con nadie —ni con tu familia, ni con tu empresa, ni con tu médico— sin tu consentimiento expreso. Las únicas excepciones son las que contempla la propia ley, y te las explico en la primera sesión.
La consulta privada es de pago directo y no está concertada con aseguradoras. Si tu póliza incluye reembolso de sesiones de psicología, consulta directamente con tu compañía las condiciones y la documentación que necesitan.
No necesariamente, y no es algo que yo pueda prescribir. En muchos casos la terapia es suficiente por sí sola. Si valoro que una evaluación psiquiátrica podría ayudarte, te lo planteo con claridad y coordinamos con el profesional que elijas. Trabajo dentro de un centro de psiquiatría y psicoterapia, lo que facilita mucho esa coordinación cuando hace falta.
Atiendo a población adulta y adulta joven. Si buscas terapia para un menor de edad, no es mi ámbito: en ese caso lo honesto es derivarte a un profesional especializado en infancia y adolescencia, y si me escribes te oriento sobre dónde buscar.
Sin problema si me avisas con al menos 24 horas de antelación: la reprogramamos sin coste. Por debajo de ese plazo la sesión se abona, salvo urgencia justificada. Es la norma habitual en consulta privada y permite ofrecer ese hueco a otra persona.
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