El miedo después de un infarto: lo que no viene en el informe de alta
Tras un evento cardíaco, el miedo a que se repita es tan frecuente como poco atendido. Por qué ocurre, cómo se mantiene y qué se puede hacer.
Elena Asensio Menchero
Psicóloga General Sanitaria · Col. M-36691
El informe de alta tras un infarto es un documento excelente. Detalla la localización de la lesión, el procedimiento realizado, la medicación, las citas de seguimiento y las recomendaciones de actividad física. Es preciso, completo y útil.
Y hay algo que no aparece en él: que es muy probable que durante las semanas siguientes tengas miedo. Miedo a esforzarte, miedo a dormirte, miedo a quedarte solo en casa, miedo a la actividad sexual, miedo a volver al trabajo. Miedo, sobre todo, a que pase otra vez.
Llevo años trabajando en una unidad de rehabilitación cardíaca y esta es, con diferencia, la frase que más escucho: «pensaba que era el único al que le pasaba esto».
No eres el único, ni de lejos
Las cifras que manejamos en psicocardiología son consistentes: una proporción muy considerable de las personas que han sufrido un evento coronario desarrolla síntomas significativos de ansiedad o de depresión en los meses posteriores, bastante por encima de lo esperable en población general. Una parte además presenta síntomas propiamente postraumáticos: imágenes intrusivas del episodio, del traslado en ambulancia o de la UCI.
Esto no es debilidad ni falta de entereza. Es la reacción esperable de un sistema de alarma que acaba de recibir la información más contundente posible: tu cuerpo puede fallar sin avisar.
Por qué el miedo no se va solo
Aquí está el mecanismo que conviene entender, porque explica casi todo lo demás.
Después del evento, es natural quedarse pendiente del pecho. Y cuando uno está pendiente del pecho, encuentra cosas: un pinchazo, una opresión, un latido que se nota más. El cuerpo produce sensaciones continuamente; lo que cambia es que ahora las estás monitorizando.
Al detectar la sensación, aparece el pensamiento («¿y si está pasando otra vez?»), y con él una descarga de adrenalina que acelera el pulso y tensa el pecho. Es decir: el miedo produce exactamente las sensaciones que temes, y eso confirma la alarma.
La comprobación constante no reduce el riesgo cardiovascular. Solo reduce tu tolerancia a la incertidumbre.
A partir de ahí se instala lo que en la unidad llamamos el ciclo de la protección: como tengo miedo al esfuerzo, no me esfuerzo; como no me esfuerzo, pierdo forma física; como pierdo forma física, cualquier esfuerzo me deja más agitado; y esa agitación confirma que efectivamente no estoy para esforzarme. Cada vuelta del ciclo hace la vida un poco más pequeña.
La familia también se ha asustado
Un aspecto del que se habla poco: quien te acompañó al hospital también vivió aquello, y muchas veces con menos información y más impotencia.
El resultado habitual es la sobreprotección. «No cojas eso». «¿Tú crees que deberías?». «Déjalo, ya lo hago yo». Nace del cariño, y sin embargo transmite el mensaje contrario al que hace falta: eres frágil, no te fíes de tu cuerpo. Es uno de los factores que más retrasa la recuperación funcional, y por eso trabajar con la pareja o con los hijos suele formar parte del tratamiento.
Qué ayuda de verdad
Información precisa
Mucho del miedo vive en los huecos. Qué pasó exactamente, qué significa la fracción de eyección de tu informe, qué riesgo real hay ahora, qué sensaciones son esperables y cuáles sí requieren llamar. Cuando eso está claro, el margen para la interpretación catastrófica se reduce bastante.
Exposición gradual al esfuerzo
El antídoto del ciclo de la protección es la experiencia. Recuperar progresivamente actividad física, vida sexual y autonomía, siempre dentro de lo que tu equipo de cardiología haya indicado. Cada vez que haces algo que temías y no ocurre nada, tu sistema de alarma recalibra. No hay atajo para esto: hay que pasar por ello.
Procesar el episodio
Cuando quedan imágenes que vuelven —el momento del dolor, la ambulancia, la UCI—, no basta con hablarlo. Ahí EMDR es especialmente útil: permite que el recuerdo se archive donde corresponde, en el pasado, y deje de dispararse en el presente.
Dejar de medir
Reducir de forma planificada las comprobaciones: el pulso, la tensión, el reloj inteligente. Cuesta, porque a corto plazo comprobar tranquiliza. A medio plazo es justo lo que mantiene el problema.
Un apunte que no es menor
Atender la parte emocional no es un complemento agradable del tratamiento cardiológico. El estado de ánimo influye en la adherencia a la medicación, en el mantenimiento de los cambios de hábitos y en la participación en la rehabilitación. Es decir: influye en la evolución médica.
Si han pasado meses —o años— y sigues organizando tu vida alrededor del miedo, ese miedo tiene tratamiento. Y funciona.
Elena Asensio es Psicóloga General Sanitaria (col. M-36691) y responsable de Psicología en la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares de HM Hospitales. Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración de tu equipo médico.
Seguir leyendo
Todos los artículos- Ansiedad
Cómo saber si lo que tengo es ansiedad
Casi todo el mundo dice tener ansiedad y casi nadie sabe dónde está la línea. Estas son las señales que de verdad importan.
- Trauma
Qué es EMDR y para qué sirve realmente
Se habla mucho de EMDR y se explica poco. Ni es magia ni es mover los ojos y ya está: esto es lo que realmente ocurre.